30 de agosto de 2026
Samu: gestión de residuos y compostaje durante el retiro
Durante el retiro quisimos prestar una atención especial a la gestión de los residuos generados, especialmente en la cocina.
Cómo separamos los residuos
Inicialmente se consultó con las personas responsables de cocina la posibilidad de separar allí mismo los cinco tipos de residuos que íbamos a gestionar: vidrio, papel y cartón, envases y plásticos, materia orgánica compostable y resto no reciclable.
Sin embargo, el espacio disponible hacía muy difícil mantener cinco recipientes diferentes en una cocina que, durante determinados momentos del día, tiene una actividad considerable y por la que pasan distintas personas voluntarias.
Optamos, por tanto, por una solución sencilla y realista: mantener en la cocina un recipiente grande destinado a los residuos orgánicos y dos más pequeños para envases y plásticos y para el resto no reciclable. Los tres fueron convenientemente señalizados.
Aun así, asumimos que podían producirse errores en la separación. Por ello habilitamos en el exterior una zona de clasificación definitiva con los cinco tipos de residuos. Cada día, como parte del samu, revisamos las bolsas procedentes de la cocina y separamos correctamente su contenido antes de llevar cada residuo a su destino final.
Al terminar el retiro se habían generado aproximadamente:
- 4 sacos de 50 litros de envases y plásticos reciclables.
- 2 bolsas de 50 litros de papel y cartón.
- 2 bolsas de unos 10 litros de vidrio.
- 4 bolsas de unos 30 litros de residuos no reciclables.
- Alrededor de 100 kg de residuos orgánicos, principalmente procedentes de la preparación de alimentos.
Los residuos reciclables y el resto fueron trasladados a los correspondientes contenedores urbanos. Además, aproximadamente la mitad de las bolsas utilizadas pudieron lavarse y reutilizarse.

De residuo a compost
Con los residuos orgánicos decidimos dar un paso más.
Durante el samu construimos una pequeña compostera utilizando troncos y ramas recogidos en las inmediaciones. En ella fuimos depositando los restos vegetales y otros residuos orgánicos compostables generados durante el retiro.
Al mismo tiempo recogimos hojas, hierbas y materia vegetal seca del entorno, que fuimos intercalando con los residuos de cocina. Esta mezcla de materiales húmedos, ricos en nitrógeno, con materiales secos, ricos en carbono, favorece el proceso de compostaje.
Ahora comienza un trabajo mucho más silencioso.
Hongos, bacterias y otros pequeños organismos irán transformando poco a poco aquello que considerábamos residuo en una materia oscura y fértil: compost, un abono natural rico en nutrientes que podrá volver a alimentar la tierra.
Nuestra intención es comprobar su evolución cuando regresemos para el próximo retiro, dentro de unos cuatro meses. Si entonces el compost todavía no está suficientemente maduro, construiremos un segundo compartimento junto al primero para depositar los nuevos residuos orgánicos y dejaremos que el primero continúe su proceso hasta la primavera.
Y el compost tendrá finalmente un destino especial.
Cuando esté preparado, queremos utilizarlo para abonar la tierra del alcorque de piedra donde hemos plantado el cerezo en memoria de Ervigio.
De alguna manera se cerrará así un pequeño ciclo: los alimentos que sostuvieron nuestra práctica durante el retiro, sus restos, las hojas caídas del lugar, el trabajo de nuestras manos y, finalmente, una tierra nueva que alimentará un árbol.
También esto es samu.
También esto es práctica.






