6 de noviembre de 2024
Hishiryo: Más Allá del Pensamiento y del No Pensamiento
En la práctica de zazen, la meditación sentada propia del budismo Soto Zen, uno de los conceptos más importantes es hishiryo (非思量), que puede traducirse como “más allá del pensamiento y del no pensamiento”. Introducido por Dogen Zenji, el fundador de la escuela Soto Zen, este término encapsula la experiencia interior que los practicantes cultivan durante zazen. A primera vista, hishiryo puede parecer paradójico: ¿cómo es posible pensar sin pensar? ¿Qué significa realmente ir más allá del pensamiento y del no pensamiento? Para entender este concepto, es necesario adentrarse en las enseñanzas de Dogen y explorar cómo hishiryo describe una cualidad de la mente que trasciende las categorías habituales de pensamiento y no pensamiento.
En la meditación Zen, hishiryo es una experiencia integral que refleja nuestra auténtica naturaleza original y la realidad tal cual es. El concepto está profundamente ligado a la comprensión de que, en el Buddhadharma, la mente no se percibe como algo separado de la experiencia, sino como una manifestación de la interdependencia de todos los fenómenos. Esto convierte a hishiryo en una parte crucial de la realización del vacío o sunyata, tal como lo describe la tradición Mahayana.
Antes de profundizar en hishiryo, es importante recordar la visión que Dogen tenía sobre la meditación sentada, zazen. Para Dogen, zazen no es un medio para alcanzar un fin, como la iluminación o el despertar. En su obra Fukan Zazengi, Dogen enfatiza que zazen es la expresión directa de la naturaleza búdica que es innata. La práctica no es un camino para lograr algo en el futuro, sino la manifestación de la realización en el presente mismo. Así, en zazen, simplemente nos sentamos, no para obtener algo, sino como una expresión completa de la verdad de nuestra existencia.
Esta visión no contradice, sino que complementa otras tradiciones budistas que ven la meditación como un medio para alcanzar un objetivo o estado específico de realización. Por ejemplo, en la tradición Theravada, especialmente en el contexto de vipassana, la meditación se enfoca en desarrollar una visión clara (insight) que ayuda a erradicar las impurezas mentales y a realizar el nirvana. Este enfoque puede verse como un paso importante en el proceso de cultivar la atención plena y la comprensión profunda de la naturaleza de la mente. En el Zen de Dogen, aunque no se busca un estado particular, sino que se practica el estar plenamente presente con lo que es, la claridad que se obtiene en prácticas como vipassana puede servir como una base sólida para profundizar en la experiencia de zazen.
Dentro de esta comprensión de zazen, hishiryo juega un papel fundamental. Durante la meditación, nuestra mente no debe estar ocupada por pensamientos ordinarios ni debemos intentar eliminar los pensamientos que surgen. En lugar de eso, practicamos un tipo de atención que trasciende la conceptualización habitual. Esto es shikantaza, «solo sentarse», donde el practicante no se concentra en ningún objeto de meditación ni en controlar los pensamientos, sino que simplemente está presente con lo que surge.
Nuestro estado mental cotidiano habitual es lo que Dogen llama shiryo (思量), o pensamiento discursivo. Este es el proceso por el cual nuestra mente clasifica, analiza y juzga las experiencias y pensamientos. En la vida cotidiana, este tipo de pensamiento es útil y necesario. Sin embargo, en zazen, el objetivo no es continuar con este proceso de discriminación mental, ni tampoco suprimir los pensamientos que surgen. Aquí es donde entra en juego hishiryo.
Dogen menciona hishiryo en Fukan Zazengi cuando dice:
“Piensa, no en pensar. ¿Cómo se piensa en no pensar? Piensa más allá del pensamiento. Este es el arte de zazen.»
Este pasaje describe la esencia de hishiryo. No se trata de eliminar los pensamientos ni de intentar tener una mente completamente vacía, sino de permitir que la mente se mantenga en un estado que no está atrapado en el proceso discursivo habitual, ni en el esfuerzo de no pensar. En lugar de luchar contra los pensamientos o dejar que nos arrastren, simplemente los dejamos ir sin involucrarnos en ellos. Es como el cielo y las nubes: los pensamientos son como nubes que atraviesan el cielo de la mente. El cielo no intenta retenerlas ni expulsarlas, simplemente las deja pasar, manteniéndose inmutable y vasto. De igual forma, en hishiryo, los pensamientos pueden surgir y desaparecer sin que nuestra mente se quede atrapada en ellos, permaneciendo abierta y sin esfuerzo.
Es en esta capacidad de dejar ir sin esfuerzo donde se puede ver una clara afinidad con una perspectiva que sostiene que la meditación no debe ser un campo de batalla donde se lucha contra los pensamientos. El concepto de hishiryo implica una atención que no se aferra ni a lo positivo ni a lo negativo, una mente que está más allá de la habitual compulsión de categorizar, analizar o rechazar lo que surge. Al evitar la lucha contra los pensamientos, la mente puede asentarse naturalmente en su estado original, pura y abierta.
El aspecto más notable de hishiryo es que no es simplemente lo opuesto al pensamiento discursivo. No es un estado de "no pensar" en el que la mente está completamente vacía o en blanco. En cambio, hishiryo va más allá tanto de pensar como de no pensar. Esto refleja una de las características esenciales de la tradición Soto Zen: la superación de los dualismos. Para Dogen, no existe una separación estricta entre pensamiento y no pensamiento; ambos son aspectos de la experiencia de la mente. En hishiryo, la mente trasciende estas categorías, permaneciendo en un estado que no está limitado por la necesidad de etiquetar o categorizar la experiencia.
Es importante destacar que Dogen no es el único en señalar la importancia de ir más allá del pensamiento dualista. En el Lankavatara Sutra, un texto Mahayana clave, se habla de la "conciencia no dual", donde el practicante trasciende el pensamiento condicionado para experimentar la realidad tal como es, sin las distorsiones de la mente conceptual. Este tipo de enseñanza resuena con la noción de hishiryo, que invita al practicante a dejar de lado la tendencia a clasificar y juzgar, y a simplemente estar presente con lo que es.
Dogen enseña que este estado es el que se manifiesta en zazen. Los pensamientos surgen, pero no nos aferramos a ellos ni los seguimos. Tampoco intentamos suprimirlos o eliminarlos. Simplemente, nos sentamos con lo que está presente, y dejamos que todo venga y se vaya como lo hace naturalmente. Esto es hishiryo: una mente que está más allá del pensamiento ordinario, pero que tampoco cae en el vacío del no-pensamiento.
Al no implicar la lucha contra los pensamientos, hishiryo permite la liberación de un esfuerzo innecesario. En este sentido, no es necesario forzar ni controlar nada. La mente, por su propia naturaleza, sabe cómo regresar a su estado equilibrado cuando dejamos de interferir. Del silencio de la mente, libre de las complicaciones del pensamiento discursivo, surge la claridad natural, una claridad que no se puede crear ni manufacturar, sino que emerge espontáneamente cuando el practicante se rinde al presente tal como es.
Las divisiones que solemos hacer entre sujeto y objeto, entre el yo y los otros, o entre pensamientos y la mente que los percibe, son ilusorias. Durante zazen, esto se experimenta directamente a través de hishiryo. En lugar de sentirnos como un sujeto que observa los pensamientos desde la distancia, nos damos cuenta de que los pensamientos y la mente que los percibe no son dos cosas separadas. Son, de hecho, una manifestación del mismo proceso.
Esta enseñanza se encuentra también en el Sutra del Corazón, que es uno de los textos más venerados en el budismo Mahayana. En el Sutra del Corazón, se enseña que "la forma es vacío y el vacío es forma", lo que significa que no hay separación entre lo que percibimos como fenómenos y la naturaleza vacía de esos fenómenos. Hishiryo, es un estado de conciencia en el que la mente no separa ni discrimina, sino que ve la unidad inherente en todo lo que surge.
Hishiryo es presencia total, en la que no hay un yo separado que esté tratando de controlar o juzgar la experiencia. No hay un "yo" que esté pensando ni un "yo" que intente no pensar. Solo hay la experiencia directa y no dual de lo que está sucediendo en el momento presente. Este es el estado en el que se asienta la mente durante zazen.
Si bien hishiryo parece compartir ciertas similitudes con la práctica moderna de mindfulness, que a menudo se traduce como "atención plena", existen diferencias significativas. En el mindfulness, tal como se enseña en muchas escuelas contemporáneas, el enfoque principal está en observar los pensamientos y las sensaciones sin identificarse con ellos. El objetivo es mantener una conciencia clara y estable sobre lo que está ocurriendo, permitiendo que los pensamientos vayan y vengan sin involucrarse demasiado con ellos.
En contraste, hishiryo no se preocupa por observar o etiquetar lo que surge en la mente. Mientras que el mindfulness implica una atención dirigida y un esfuerzo consciente por mantenerse presente, hishiryo va más allá de este nivel de observación. En lugar de simplemente observar los pensamientos, hishiryo implica una presencia donde no existe un “observador” separado de los fenómenos que surgen. No hay una distinción entre el sujeto que observa y los objetos observados. Todo lo que aparece en la mente es parte de una totalidad indivisible, y el practicante no necesita involucrarse en una vigilancia activa o mantener una cierta postura hacia lo que ocurre.
Mientras que la atención plena en sus formas modernas a menudo retiene un sentido de dualismo –el meditador es consciente de algo externo o interno a sí mismo–, en hishiryo esa distinción se disuelve. El estado de mente “más allá del pensamiento” en hishiryo no busca analizar ni permanecer deliberadamente consciente de lo que sucede. Simplemente es.
Aunque hishiryo es un estado que cultivamos durante zazen, las enseñanzas de Dogen señalan que esta cualidad puede extenderse a la vida cotidiana. La integración de hishiryo en la vida diaria significa que no solo aplicamos la presencia en el momento de la meditación, sino en todas nuestras interacciones y actividades. La práctica no se limita al cojín de meditación, sino que abarca todas las facetas de la vida.
Dogen enseña que toda acción cotidiana puede ser una manifestación de la naturaleza búdica cuando se realiza desde una mente no apegada. Cada acción –ya sea caminar, comer, hablar o trabajar– se convierte en una oportunidad para practicar hishiryo. Aquí es donde vemos que hishiryo no es un estado pasivo o separado de la vida diaria, sino una actitud activa de apertura hacia la realidad tal como es.
En muchos aspectos, esto recuerda al concepto de wu wei (無為) en el taoísmo, que significa "no acción" o "acción sin esfuerzo". Wu wei sugiere un estado de acción que está completamente alineado con el flujo natural del Tao, donde no hay resistencia ni lucha. En hishiryo, de manera similar, actuamos sin resistencia, sin la necesidad de controlar o forzar nuestras experiencias mentales o físicas. Este estado de acción natural surge cuando la mente está libre de la compulsión de categorizar o manipular la realidad.
De esta manera, la vida cotidiana se convierte en un espacio de práctica cuando se vive desde una conciencia más allá de la discriminación. Es posible que el practicante descubra que, al cultivar hishiryo en su vida cotidiana, la interacción con los demás y con el entorno se vuelve más espontánea, abierta y libre de juicio. Cada acción, por sencilla que sea, puede ser vista como una manifestación del despertar, ya que no está teñida por las habituales interpretaciones dualistas que dividen la experiencia en “buena” o “mala”, “correcta” o “incorrecta”.
Este estado trasciende el dualismo entre pensamiento y no-pensamiento, permitiéndonos experimentar la realidad sin aferrarnos a los conceptos ni a los juicios que normalmente empleamos. Al practicar zazen desde el estado de hishiryo, no estamos buscando alcanzar un objetivo o un estado de iluminación en el futuro, sino que estamos manifestando nuestra naturaleza búdica aquí y ahora.
La noción de hishiryo también desafía nuestras nociones habituales de lo que significa pensar, estar consciente o actuar. En lugar de mantener una mente rígidamente enfocada o tratada de controlar nuestros pensamientos, debemos confiar en la naturaleza inherente de la mente misma, permitiendo que todo sea tal como es. Este tipo de práctica, aunque difícil de entender desde una perspectiva intelectual, es una forma directa de experimentar la unidad fundamental entre nosotros y el mundo que nos rodea, que surge naturalmente de la práctica correcta de zazen.
Dogen nos invita a sentarnos en este estado, que es a la vez más allá del pensamiento y del no pensamiento y, sin embargo, totalmente inmerso en el aquí y ahora. Es una enseñanza que, aunque profunda, ofrece una vía para transformar nuestra relación con el mundo, no solo durante el zazen, sino en cada aspecto de la vida cotidiana.
Para situar esta enseñanza dentro del marco completo de la escuela, puedes leer también Zazen en la vida cotidiana: tu vida tal como es, Koan, historia y uso en el Soto Zen y qué es el budismo Soto Zen y cómo se practica.



