16 Mar 2026
Cómo comemos dice mucho de quiénes somos
Una lectura de Dogen sobre gratitud, medida y no apropiación
Texto inspirado en el capítulo Fushukuhanpo del Eihei Shingi de Dogen.
Para Dogen, la comida no interrumpe el Dharma: lo pone a prueba. Comer con atención, medida y gratitud es una forma de práctica tan importante como el propio zazen.
Pocas actividades muestran con tanta claridad el estado de nuestra mente como el acto de comer. Basta observar la velocidad con la que tomamos el cubierto, la facilidad con la que deseamos más, la distracción con la que ingerimos o la escasa conciencia que tenemos del origen de lo que recibimos. Comer puede parecer un acto cotidiano y neutro, pero en realidad revela con gran precisión nuestras tendencias más profundas. Dogen lo sabía bien. Por eso dedica una sección entera de sus regulaciones a la forma de tomar alimento. Porque la relación con la comida es un espejo directo de nuestra relación con la existencia.
El problema humano que aquí se trabaja es la apropiación impulsiva. Comer puede parecer un acto simple, pero moviliza codicia, ansiedad, comparación y temor a la escasez. Se toma de más, se desperdicia, se mira el plato ajeno o se devora sin presencia. Todo esto revela una mente que no ha aprendido a recibir, sino que solo sabe apropiarse.
Frente a ello, Dogen propone contemplar el alimento bajo cinco contemplaciones tradicionales (Gokan ge)1. En lugar de ver la comida como un objeto de placer o un simple combustible, la vemos como una medicina para sostener la vida y el camino. Recibir alimento con respeto, tomar solo lo suficiente y recordar la red de interdependencia que hace posible cada bocado no es una pausa entre actividades espirituales: es espiritualidad en la vida cotidiana.
Aunque el texto original depende de un contexto monástico ritualizado —con sus cuencos (oryoki) y gestos precisos—, desecharlo por considerarlo «solo ceremonial» sería un error. Lo que sigue siendo válido hoy es el principio organizador: la comida no debe ser tomada desde la avidez ni desde la inconsciencia. En una época marcada por el consumo acelerado y la desconexión total respecto al origen de lo que ingerimos, esta enseñanza resulta sorprendentemente subversiva. Necesitamos reaprender a recibir.
Recibir es una palabra clave. A menudo comemos como si lo que llega a nuestras manos fuese simplemente nuestro por derecho. Dogen corrige esa fantasía de autosuficiencia. Todo alimento es una condensación del mundo: tierra, agua, clima, trabajo humano, transporte y tiempo acumulado. Cuando esto se olvida, comer se empobrece y se vuelve un acto puramente utilitario y egoísta.
Practicar esta enseñanza en una sangha contemporánea no requiere reproducir todos los detalles monásticos del Japón medieval. Podemos introducir pequeños gestos que recuerden el sentido profundo del acto: comenzar la comida con un momento real de silencio, agradecer explícitamente el trabajo de quienes han preparado el lugar y el alimento, servir con medida y evitar el desperdicio. Cuando la mesa deja de ser un espacio de distracción automática y se convierte en un lugar de atención compartida, la comida vuelve a ser una práctica.
Existe una relación íntima entre la alimentación y el carácter. No se trata de moralizar la dieta, sino de reconocer que el modo de comer educa una disposición general ante la vida. Quien aprende a comer con gratitud aprende también a recibir de otro modo el tiempo, la ayuda o la enseñanza. Quien toma compulsivamente a la mesa suele repetir esa misma dinámica de apropiación en sus vínculos y en su forma de vivir en el mundo.
Por eso, este capítulo del Eihei Shingi nos plantea una pregunta profunda: ¿cómo nos relacionamos con lo que nos sostiene? ¿Tomamos como si todo estuviera ahí para nuestro uso, o sabemos recibir con memoria de la interdependencia? Una sangha que «come bien» no es la que sirve el menú más sofisticado, sino la que cultiva una relación menos posesiva con lo recibido.
En una cultura del exceso, practicar el alimento como Dharma es un acto silencioso de resistencia frente a la prisa y la fantasía de independencia. Comer con atención no resuelve por sí solo el problema del ego, pero lo expone con claridad y desde ahí podemos empezar a soltar.
Primero, mi gratitud hacia todos los seres que han elaborado esta comida. Segundo, recibo esta ofrenda de alimento teniendo presente mi pureza original. Tercero, mi naturaleza de Buda es libre de los tres venenos. Cuarto, es una medicina para el cuerpo. Quinto, tomo esta comida para practicar la Vía ↩︎
Serie
Dogen para practicantes de hoy
- 1 Dogen para practicantes de hoy
- 2 La cocina también es zazen
- 3 Cómo comemos dice mucho de quiénes somos

